No siempre los telescopios están en Tierra o en órbita, también lo
hacen volando sobre un 747. Este es el caso del telescopio SOFIA
(Stratospheric Observatory for Infrared Astronomy o Observatorio
Estratosférico para Astronomía Infrarroja en idioma español).
Responsables del proyecto; NASA y el Centro Aeroespacial Alemán.
Observará el universo mientras se desliza a través de la estratosfera a
13.700 metros (45.000 pies) de altura. Cuando comience sus operaciones
el año próximo, será el observatorio aéreo más grande y avanzado del
mundo.
"SOFIA está preparado para lograr resultados científicos
espectaculares" , dice la científica del proyecto Pamela Marcum. "Por
ejemplo, este telescopio nos ayudará a averiguar cómo se forman los
planetas y cómo llegó a existir nuestro propio sistema solar".
Y, como es un observatorio móvil, puede volar a cualquier lugar, a
cualquier hora. SOFIA se puede ubicar en una determinada posición para
capturar eventos astronómicos especialmente interesantes, tales como
ocultaciones estelares (cuando objetos celestes cruzan frente a
estrellas localizadas en el fondo), mientras que los telescopios en
tierra, ubicados en posiciones geográficas "incorrectas" en la
superficie de la Tierra, se pierden el espectáculo. SOFIA volará por
arriba del velo de vapor de agua1 que rodea a la Tierra con el fin de
lograr una mirada amplia del cosmos.
Si bien nuestra galaxia está repleta de sistemas planetarios, los
astrónomos no saben exactamente cómo se forman. Esto se debe a que los
telescopios comunes no pueden ver a través de las gigantes y densas
nubes de gas y polvo que dan origen a los planetas. Usando longitudes
de onda infrarroja, SOFIA puede penetrar la bruma y observar el proceso
de nacimiento -mostrando a los científicos cómo se juntan las moléculas
para construir mundos.
"SOFIA será capaz de localizar la 'línea de hielo planetaria' donde el
vapor de agua se convierte en hielo en el disco de polvo y gas que hay
alrededor de las estrellas jóvenes", dice Marcum. "Eso es importante
porque pensamos que allí es donde se forman los gigantes gaseosos. Los
núcleos planetarios más masivos son más comunes [en las cercanías de la
línea de hielo] porque las condiciones son las mejores para formar
rocas y también hielo". (Partículas de hielo pegajosas ayudan a formar
planetas de igual manera que ayudan a formar una bola de nieve para
lanzar a un amigo desprevenido. )
"Una vez que se forma un núcleo lo suficientemente grande, su gravedad
se vuelve lo suficientemente fuerte como para atrapar gas, de modo que
más moléculas de hidrógeno y de helio puedan 'pegarse'. Entonces, estos
grandes núcleos pueden crecer hasta convertirse en gigantes gaseosos
como Júpiter y Saturno. De lo contrario, continúan siendo planetas más
pequeños, con hielo y rocas".
"SOFIA también será capaz de indicar dónde se localizan dentro del
disco protoplanetario los componentes básicos, tales como el oxígeno,
el metano y el dióxido de carbono2".
Conocer dónde se ubican varias sustancias dentro del disco nos ayudará
a saber cómo se juntan desde "abajo" para formar planetas.
Una de las fortalezas clave del telescopio es que será el complemento
de otros observatorios infrarrojos. Con una vida útil de 20 años, puede
llevar a cabo estudios de seguimiento de objetos que telescopios
infrarrojos de corta vida útil no tienen tiempo de realizar. Si, por
ejemplo, un observatorio en órbita, como el WISE (Widefield Infrared
Survey Explorer, en idioma inglés, o Explorador Infrarrojo de Campo
Amplio, en idioma español), detecta algo que merezca más atención,
SOFIA puede realizar una larga y detenida observación, mientras el WISE
continúa mirando el resto del cielo.
"WISE está diseñado para escanear el cielo entero en longitudes de onda
infrarroja y reunir información de una multitud de objetos, más que
para estudiar objetos particulares con gran profundidad" , explica
Marcum. "Pero SOFIA tiene tiempo de sobra para realizar estudios más
profundos".
SOFIA también puede hacer ciencia mediante estudios de seguimiento
llevados a cabo con el fin de cosechar todos los beneficios de los
descubrimientos que surgieron de las investigaciones espaciales
realizadas por Herschel y, después, de los estudios en el cercano y
mediano infrarrojo que hizo el Telescopio Espacial James Webb.
"Una vez que a Herschel se le terminen sus tres años de enfriador,
SOFIA será el único observatorio que pueda proporcionar, de manera
rutinaria, una cobertura dentro del rango que abarca desde las
longitudes de onda del lejano infrarrojo hasta las ondas
submilimétricas. Esta parte del espectro es un territorio casi
absolutamente inexplorado" .
"Y, aunque SOFIA cubre la misma parte del espectro que el Telescopio
Espacial James Webb (JWST o James Webb Space Telescope, en idioma
inglés), está optimizado para alcanzar longitudes de onda ubicadas
exactamente más allá de las que puede detectar el JWST, para
complementar sus observaciones. SOFIA realizará un fantástico trabajo
ya que observará en el espacio que queda entre las longitudes de onda
que capta el JWST y las que capta el Herschel".
A diferencia de estos telescopios espaciales, SOFIA puede "regresar al
granero" periódicamente para reparar, ajustar sus instrumentos o
incluso cambiarlos por otros instrumentos científicos nuevos y
mejorados -siguiendo el ritmo de la ciencia de vanguardia desde
un "simple" aeroplano.
Fuente: Ciencia@Nasa
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lunes, 30 de noviembre de 2009
lunes, 2 de noviembre de 2009
Nuevo telescopio de la agencia espacial europea sorprende
Para el año 2012 la agencia espacial europea pondrá en órbita un nuevo
telescopio con el objetivo de realizar una catalogación de 1000
millones de objetos estelares.
Una tarea sin precedentes de 5 años de duración que generará un nuevo
mapa de nuestro universo, con datos muchísimo más precisos que los
actuales.
En 1989 el satélite de la ESA Hipparcos, en órbita terrestre, inauguró
la era de la astrometría espacial. La astrometría es la ciencia que
estudia la posición y movimientos de los objetos estelares. Hipparcos
realizó durante varios años múltiples mediciones que permitieron, tras
una ardua labor de procesado de datos, crear un nuevo catálogo
astrométrico con 100.000 estrellas, 100 veces más preciso que los
anteriores.
Pero los astrónomos piden más. Con la misión Gaia, que se lanzará en
2012, la astrometría dará otro paso de gigante. Gaia logrará una
precisión del orden de 20 microsegundos de arco (equivalente al ángulo
creado por una moneda de un euro sobre la Luna vista desde la Tierra).
Se puede consultar (en inglés) la información sobre esta misión en esta
página web de la ESA.
Para poder realizar su misión Gaia viajará a un punto virtual en el
espacio -el segundo punto lagrangiano- situado a 1,5 millones de
kilómetros y donde la gravedad de la Tierra y el Sol se combinan de tal
forma que los satélites pueden quedar como colgados en el espacio. El
ambiente ahí es mucho más estable del que se podría alcanzar en la
superficie terrestre o incluso del que gozó Hipparcos. Una vez
alcanzada su órbita operacional, Gaia comenzará a barrer el cielo
concienzudamente, dando una vuelta sobre sí mismo cada seis horas y
registrando la posición de los objetos que entren en el campo de visión
de sus dos telescopios gemelos.
Al cabo de seis meses de operaciones, Gaia habrá observado el cielo al
completo y habrá recopilado datos sobre 1.000 millones de objetos. Para
poder alcanzar la precisión requerida se han de completar varias
mediciones de los mismos objetos con ángulos y tiempos diferentes, por
eso el satélite continuará su misión durante cinco años hasta observar
cada estrella un promedio de 80 veces.
Gaia dispondrá además de un instrumento para medir el color de las
estrellas y otro para determinar su espectro. El color ayuda a los
astrónomos a conocer el tipo, tamaño y edad de las estrellas, mientras
que el espectro habla de la velocidad a la que se alejan o acercan.
El catálogo de datos que producirá Gaia tendrá un gran impacto en
muchas áreas de la astronomía. Permitirá ahondar en la estructura y
evolución de nuestra galaxia, y también se espera descubrir unos 10.000
nuevos planetas extrasolares; más de 100.000 nuevos asteroides y varios
cientos de millones de sistemas múltiples.
La construcción del satélite, un reto tecnológico de primer orden, se
lleva a cabo bajo supervisión de la ESA por empresas de toda Europa,
con EADS Astrium como contratista principal. El satélite utiliza 10
espejos y 106 detectores. Su sofisticado procesador de a bordo le
permitirá acumular los datos de las imágenes a medida que el satélite
gira. Las estaciones de seguimiento recibirán los datos cada noche y
los transmitirán al centro de control de operaciones situado en
Alemania; de ahí los datos serán reenviados al Centro Europeo de
Astronomía Espacial de la ESA (ESAC), en Villanueva de la Cañada
(Madrid). En el ESAC se realizará una parte importante del procesado de
datos y las operaciones científicas.
El análisis completo de los datos llevará varios años, involucrará a
más de 500 científicos e ingenieros y tendrá lugar en varios centros
distribuidos por toda Europa. España realiza una contribución
importante al proyecto, a través de varios investigadores de la
Universidad de Barcelona, donde se llevan a cabo tareas tales como la
simulación de los datos que Gaia generará y donde también se llevará a
cabo parte del procesado.
Esta maravilla de la ingeniería comenzará su vuelo en la primavera de
2012 desde la Guayana Francesa, a bordo de un cohete ruso Soyuz. Los
primeros resultados del catálogo estarán disponibles algún tiempo más
tarde. El procesado final puede alargarse hasta 2020. Los datos finales
servirán entonces para que los jóvenes Hiparcos y Tychos del siglo XXI
nos desvelen nuevos misterios del universo en que vivimos.
Fuente: EL PAIS.com
telescopio con el objetivo de realizar una catalogación de 1000
millones de objetos estelares.
Una tarea sin precedentes de 5 años de duración que generará un nuevo
mapa de nuestro universo, con datos muchísimo más precisos que los
actuales.
En 1989 el satélite de la ESA Hipparcos, en órbita terrestre, inauguró
la era de la astrometría espacial. La astrometría es la ciencia que
estudia la posición y movimientos de los objetos estelares. Hipparcos
realizó durante varios años múltiples mediciones que permitieron, tras
una ardua labor de procesado de datos, crear un nuevo catálogo
astrométrico con 100.000 estrellas, 100 veces más preciso que los
anteriores.
Pero los astrónomos piden más. Con la misión Gaia, que se lanzará en
2012, la astrometría dará otro paso de gigante. Gaia logrará una
precisión del orden de 20 microsegundos de arco (equivalente al ángulo
creado por una moneda de un euro sobre la Luna vista desde la Tierra).
Se puede consultar (en inglés) la información sobre esta misión en esta
página web de la ESA.
Para poder realizar su misión Gaia viajará a un punto virtual en el
espacio -el segundo punto lagrangiano- situado a 1,5 millones de
kilómetros y donde la gravedad de la Tierra y el Sol se combinan de tal
forma que los satélites pueden quedar como colgados en el espacio. El
ambiente ahí es mucho más estable del que se podría alcanzar en la
superficie terrestre o incluso del que gozó Hipparcos. Una vez
alcanzada su órbita operacional, Gaia comenzará a barrer el cielo
concienzudamente, dando una vuelta sobre sí mismo cada seis horas y
registrando la posición de los objetos que entren en el campo de visión
de sus dos telescopios gemelos.
Al cabo de seis meses de operaciones, Gaia habrá observado el cielo al
completo y habrá recopilado datos sobre 1.000 millones de objetos. Para
poder alcanzar la precisión requerida se han de completar varias
mediciones de los mismos objetos con ángulos y tiempos diferentes, por
eso el satélite continuará su misión durante cinco años hasta observar
cada estrella un promedio de 80 veces.
Gaia dispondrá además de un instrumento para medir el color de las
estrellas y otro para determinar su espectro. El color ayuda a los
astrónomos a conocer el tipo, tamaño y edad de las estrellas, mientras
que el espectro habla de la velocidad a la que se alejan o acercan.
El catálogo de datos que producirá Gaia tendrá un gran impacto en
muchas áreas de la astronomía. Permitirá ahondar en la estructura y
evolución de nuestra galaxia, y también se espera descubrir unos 10.000
nuevos planetas extrasolares; más de 100.000 nuevos asteroides y varios
cientos de millones de sistemas múltiples.
La construcción del satélite, un reto tecnológico de primer orden, se
lleva a cabo bajo supervisión de la ESA por empresas de toda Europa,
con EADS Astrium como contratista principal. El satélite utiliza 10
espejos y 106 detectores. Su sofisticado procesador de a bordo le
permitirá acumular los datos de las imágenes a medida que el satélite
gira. Las estaciones de seguimiento recibirán los datos cada noche y
los transmitirán al centro de control de operaciones situado en
Alemania; de ahí los datos serán reenviados al Centro Europeo de
Astronomía Espacial de la ESA (ESAC), en Villanueva de la Cañada
(Madrid). En el ESAC se realizará una parte importante del procesado de
datos y las operaciones científicas.
El análisis completo de los datos llevará varios años, involucrará a
más de 500 científicos e ingenieros y tendrá lugar en varios centros
distribuidos por toda Europa. España realiza una contribución
importante al proyecto, a través de varios investigadores de la
Universidad de Barcelona, donde se llevan a cabo tareas tales como la
simulación de los datos que Gaia generará y donde también se llevará a
cabo parte del procesado.
Esta maravilla de la ingeniería comenzará su vuelo en la primavera de
2012 desde la Guayana Francesa, a bordo de un cohete ruso Soyuz. Los
primeros resultados del catálogo estarán disponibles algún tiempo más
tarde. El procesado final puede alargarse hasta 2020. Los datos finales
servirán entonces para que los jóvenes Hiparcos y Tychos del siglo XXI
nos desvelen nuevos misterios del universo en que vivimos.
Fuente: EL PAIS.com
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2012,
agencia espacial europea,
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gaia,
Hiparcos,
objeto celeste,
sisema solar
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